La huella del Huracán Stan

La visita a la zona afectada por el Huracán Stan es una de las actividades organizadas por EMIS dentro del programa de Jóvenes Cooperantes de la JCCM.

Tras varios días de lluvias provocadas por el huracán Stan, el 5 de octubre de 2005 Santiago Atitlán se despertaba con las consecuencias devastadoras que los continuos deslaves del volcán Tolimán habían causado en la zona y, muy especialmente, en el cantón de Panabaj.
El deslave más grande, que hizo partir el volcán en dos, empezó a las 3 de la madrugada. El segundo deslave fuerte ocurría sólo un día después. Enormes rocas y lodo dejaban una huella imborrable, de dolor y desesperación, arrebatando la vida de 89 lugareños y dejando sin hogar a 800 familias.
En las tareas de rescate y evacuación participaron cerca de 40 bomberos voluntarios de Santiago, quienes trabajaron durante 12 horas seguidas en condiciones físicas adversas. Uno de ellos logró poner a salvo a 48 personas utilizando los enclaves de su propia casa, sobre cuyo techo se refugiaron durante todo el día hasta ser evacuados por lanchas.
Francisco, bombero voluntario de Santiago Atitlán, nos cuenta, aún con gesto de dolor, cómo muchas personas decidieron cobijarse en sus casas y no salir, sin saber en muchos casos la suerte que les aguardaba. O cómo el lodo cubría las casas más humildes y la fuerza del deslave destruía las construcciones más sólidas.
Después de pasar seis días incomunicados, el pueblo de Santiago empezó a abandonar sus hogares para acudir al socorro de los vecinos que se habían quedado sin nada. Los primeros grupos organizativos fueron los diáconos y diaconisas pertenecientes a la Iglesia Evangélica, artífice de la construcción de las primeras casas. En torno a 6.000 personas fueron atendidas en los albergues temporales.
El gobierno guatemalteco también acudió a la ayuda del pueblo indígena y empezó a construir casas con las ayudas económicas llegadas de otros países. Sin embargo, dos años después del deslave la construcción en el campamento de Panabaj está paralizada, por considerarse Área Inhabitable. No ocurre así en otras zonas, como en Chucumún, donde son los propios vecinos quienes contribuyen a la reconstrucción de sus casas aportando sacos de piedrín, que recogen en la zona del deslave, arena y mano de obra. Han pasado dos años y todavía hay familias que esperan recuperar el cuerpo del ser querido que un día la naturaleza les arrebató. Tras años de trabajos en la zona, hace escasamente medio año el Instituto Anatómico Forense certificó el rescate de 89 cadáveres y la desaparición de cuatro personas. Lo que sí ha perdurado es la lucha por la vida.

Juanjo Bueno

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