Martes 14

escrito por Chiqui

Seguramente os hayáis preguntado cómo transcurre un día en el entorno de Santiago de Atitlán, verdad que no… pues os lo voy a contar.

A eso de las 7 de la mañana los más inquietos se dejan caer por el salón de la casa de abajo… y es que el sol que iluminan los alrededores del lago deja una imagen realmente espectacular. Esa mezcla de colores deja maravillado a cualquiera. El intenso verde del césped, el pueblo saliendo de la madre selva en frente del lago, el volcán aun luda copado por nubes dejan un escenario, los pescadores remando hacia una jornada más… en fin, los que lo hayáis visto seguro que lo recordáis, los que no… lo veréis.

Se acerca la hora del desayuno… “buenos días a todos”, “¿qué tal habéis dormido…?, “hace un día muy bonito…” comenzamos a intercambiar sensaciones… y a organizarnos. A eso de las 10:30 empieza la formación… de la mano de Alfonso o Noemí. Algunos de esos documentales ayudan a pensar, a reflexionar. El grupo de la compra llega con “Chonita” y empiezan a preparar la comida… solemos comer pronto, ya que salimos temprano hacia San Lucas, para comenzar con los talleres. Sobre las 12:30 o 13. Y nos vamos al lío.

Llegamos sobre las 14 horas tras un viaje peculiar de unos 35 min. El autobús y la forma de recoger a las personas es interesante. Hasta las 17:30 solemos estar en ese poblado, charlando, intercambiando impresiones, proponiendo actividades, recibiendo proposiciones… en fin, de los talleres ya escribiré más detenidamente.

Cuando volvemos al que es nuestro hogar, sin igual, tenemos unos 45 minutos de tiempo libre… que aprovechamos para echar un partidito de futbol, echar un “pitillo”, comentar las “cositas” del día… así esperamos la hora de la cena. Entonces, se cena y se propone la asamblea… y como dice nuestro monitor Alfonso “Órdago a la grande…” ups, perdón, me he colado. Dice, “después de lo que hemos visto hoy, sensaciones…” Entonces hablamos y hacemos una “pequeña” charla coloquio sobre todo lo que ha pasado en el día, lo bueno, que suele predominar, y sobre lo malo,… a veces no hay.

Después, se sale un poco al patio trasero, se juega al mus… “Alfonso, te lo veo…”, se hacen otros juegos, se lava, se recoge la colada… en fin cada uno hace lo que quiere hasta irnos a la cama.
Y así, un día más transcurren unas horas en un entorno plagado de vegetación, animales, cooperantes, nativos,… un lugar sin duda espectacular.
Un saludo, José Manuel.

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