7 de agosto

Escrito por Gema, joven cooperante en agosto de 2009

Desde nuestra “casa”, disfrutando de la maravillosa vista del lago y los volcanes, observo a lo lejos el pueblo que nos ha acogido.

Puedo ver a algunos hombres que recogen maíz y lo echan a sus espaldas; la verdad es que no sé cómo consiguen erguirse con todo ese peso.

En el lago veo a otros hombres que intentan pescar algún pececillo que después tratarán de vender por algún quetzal.

Un poco más allá veo a esas mujeres que lavan la ropa de toda su familia, con algún hijo a su espalda y algún otro que juega alegremente por allí…

…Su alegría; eso es lo que más me ha sorprendido. Es emocionante ver la sonrisa de las niñas y niños atitecos, ante cualquiera de nuestras miradas.

No entendemos su lengua, el Tzutujil; muchos de ellos tampoco entienden la nuestra, pero no importa. Hay comunicación, hay miradas y sonrisas.

Desde que salimos todo han sido emociones: la despedida en el aeropuerto, el loco viaje de 4 horas en “camioneta” hasta llegar hasta el que ahora es nuestro hogar… ¡Y qué hogar! Es precioso levantarse cada mañana y ver el lago más bonito que jamás había visto.

La verdad es que me da vergüenza vivir aquí mientras veo cómo vive la gente alrededor. Así como ayer me daba vergüenza ir en Tuc-tuc (el medio de transporte habitual en Santiago de Atitlán) mientras diluviaba y veía a las mujeres y a los niños corriendo por las calles… o lo que quedaba de ellas.

Me gustaría contaros todo lo que estamos viviendo, pero es imposible resumirlo en unas líneas. Espero haberos transmitido un trocito de esta mezcla de emociones. Seguiré disfrutando de este sueño y (dura) realidad a la vez e intentaré compartirlo con vosotros siempre que tenga un ratito.


Os quiero.

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1 reply added

  1. Anónimo 14 agosto, 2009 Responder

    Hola Ya Leen,
    Las emociones se aglutinan tan deprisa que tal vez tenga que pasar un tiempo hasta que puedas asimilarlas. Quizá ya ni siquiera estés allí. Incluso tendrás que mirar las fotos para ayudarte. Pero lo importante es que tu rutina se vea empapada de los recuerdos que tu estancia te deje. Que todo lo que hagas se conexione por dentro con lo que estás viviendo y que te ayuden a ser mejor en lo que decidas.
    A veces las bonitas palabras si sirven. Sólo cuando sabes que no están siendo examinadas.

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