El eclipse

escrito por Elena Rodríguez Perea, JJCC modalidad B Agosto ’09.

Felices fechas muy familiares a todo el MUNDO!!

Quería aprovechar mis primeras navidades dentro de esta acogedora ONGD con un regalito para todos aquellos que nos paseamos de vez en cuando por la web o por el blog, para todos aquellos que creen y respetan por encima de todo al ser humano y muy especialmente a los que regresamos de Guatemala creyendo que nuestras manos tienen la responsabilidad de conseguir un mundo más igualitario y más equitativo, para que nuestros amigos atitecos, saharahuis o peruanos sepan y sientan que cuentan con nosotros..
El cuento ha sido elegido, primero porque se desarrolla en Guatemala y segundo porque el mensaje que nos ofrece, camina muy en la linea del perfil “emisito..valoren ustedes…

El eclipse
Augusto Monterroso

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

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¿Qué es un contraste? Voy a buscar en la Real...

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Hoy no me voy a ir por las ramas, hoy...

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