COSAS QUE HACEN QUE LA VIDA VALGA LA PENA

30 días en Santiago Atitlán difícilmente pasan desapercibidos en la vida de cualquiera…en mi caso, han sido muchas las sensaciones vividas: olores, sabores, conversaciones, miradas, alguna que otra lágrima…una montaña rusa de sentimientos que hace que uno, en su fuero interno, llegue a plantearse hasta un posible desequilibrio: risas, llantos, miedo, enfados, seguridad, tranquilidad, duda, mente en blanco, preguntas, respuestas, indignación, admiración, aprendizaje, rotura de esquemas (tititiririririrititiri….)…y un largo etcétera que todo el que ha pasado por Atitlán bien sabe.
… Viajé a Guatemala un mes, como miembro del equipo de EMIS acompañando a 10 maestros que participaron en el programa docentes solidarios..como siempre…recibes mil veces más de lo que puedes dar;como siempre…el choque cultural sigue siendo el mismo que la primera vez que viajé (cayendo en comparaciones y aplicando en su más puro estado esa “economía intelectual” que tanto intentamos evitar con nuestras charlas trascendentales sobre la vida y las personas) ..como siempre…descubres y aprendes cosas nuevas…como siempre…entiendes que sin convicción, esfuerzo, responsabilidad y compromiso no hay cooperación que valga.

Podría escribir unas líneas sobre lo “curioso” de mi experiencia, podría escribir otras sobre lo impactante de lo visto y vivido… o de las personas tan maravillosas que he conocido en este tiempo, de lo injusta que es la vida, de lo divino y lo humano…pero no.

Hace unos 3 meses, decidí elaborarme una lista personal titulada “cosas que hacen que la vida valga la pena”… no porque necesite saberlo, ni a modo de terapia (¡ aunque bien me vendría !) , sino porque entendí que esas cosas necesitan ser especialmente cuidadas y valoradas…algo a lo que acostumbro poco por mi falta de delicadeza, mi tendencia a hacer por hacer y a dejar pasar el encanto de los días como algo común o normal…

Guatemala y EMIS, pedacitos de mí, una vez más me han dado varias cosas que hacen que la vida valga la pena. Aunque nunca he compartido ningún escrito personal, hoy hago una excepción…¿la verdad? no sé por qué… Ahí va:

Sábado 6 agosto de 2011

Merece la pena sentir que hay personas que necesitan de tu voz -ya sea más fuerte o débil- para dar a conocer que en otras partes del mundo a los mayores se les cuida, respeta y admira mientras aquí se les busca un “hotelito” donde acabar sus días…

Merece la pena ver llorar a una madre porque su hijo no podrá ir nunca a la escuela, mientras aquí el regalo de fin de graduación es una operación de estética o el último modelo de coche anunciado.

Merece la pena ver a un chaval levantarse a las 4 de la mañana para darme el desayuno porque me voy de vacaciones … porque me da escalofríos comprobar cómo todo lo que critico, también lo hago…y que hay mucho que cambiar!!

Merece la pena comprobar cómo una niñita de 7 años se frota los ojos de sueño porque tiene que estar hasta la noche vendiendo pulseras en el embarcadero… y cuando me cuenta su día a día, en ningún momento aparece la palabra jugar.

Merece la pena tener que esforzarme en encontrar un niño llorando… mientras los nuestros lo hacen por ver a Britney Spears, Crstiano Ronaldo o por no tener un iphone… me hace creer firmemente que no quiero esto para mis sobrinos o futuros hijos.

Merece la pena escuchar a familia y amigos “qué loca estás” …porque prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata.

Merece la pena ver cómo un alto cargo de educación “pelea” por la calidad educativa de su pueblo…marchando dos días de viaje en una camioneta para poder cargarla de material formativo para los maestros de las escuelas que tiene a su cargo… merece la pena ver cómo te lo cuenta con una sonrisa imposible de definir. Merece la pena saber que de esto se enteró poca gente…

Merece la pena que me cuenten cómo una maestra al ver que le falta un alumno, pide a 2 ó 3 compañeros de 9 años que vayan a su casa a ver qué le pasa y le animen a ir a clase…finalmente… aquel niño fue a a la escuela.

Merece la pena escuchar a decenas de maestros y directores afirmando “es posible el cambio… dame un punto de apoyo y moveré el mundo”

Merece la pena escuchar un “no nos olvidéis” … que traduzco en “ayudadnos a luchar porque nuestros niños puedan ser lo que ellos quieran”

Merece la pena romper definitivamente con la idea de “ellos son felices con lo que tienen” y crear conciencia de la necesidad de organizaciones y movimientos que luchen por la dignidad.

Merece la pena darse cuenta que es necesario un cambio…pero más aquí que allá.

Merece la pena experimentar cómo con EMIS he comprendido el verdadero concepto de preocupación: ocuparme de algo que preveo y prevenirlo…y digo ocuparme… no esperar a que pase la tormenta.

Merece la pena interiorizar parte del sentido de la cooperación: menos tiritas y más vacunas…

Merece la pena cerciorarse que la sensibilización es un proceso palpable … pues no es pasión sino acción.
Merece la pena observar que para definir las líneas de los proyectos en escuelas, los niños y sus familias también marcan los objetivos.

Merece la pena aprender que dando un quetzal a aquel niño, no voy a conseguir nada.

Merece la pena apoyar la conservación de la cultura…resistirse al “integrar en la sociedad, desintegrando otras culturas” (E. Galeno)

Merece la pena ver cómo un puñado de locos españoles, deciden invertir 2000 euros de sus sueldos en ver y aprender de todo esto. Merce la pena compartir la experiencia con ellos.

Merece la pena escuchar a estos 10 docentes solidarios decir “ESTA EXPERIENCIA NO TIENE PRECIO”. Admirable.

Merece la pena implicarme en esto, sí. Porque estoy convencida que es posible un mundo en el que cada uno sea responsable del bien común.

Alicia Medina. Junta Directiva de EMIS

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1 reply added

  1. sergio 18 agosto, 2011 Responder

    Increíble forma de exprimir la vida!!!vale la pena encontrarse con gente que piense así y con organizaciones que trabajen dignamente la cooperación… Enhorabuena por el artículo,más de uno al leer esto, elaboraremos nuestra lista de cosas que hacen que la vida valga la pena. Saludos.

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