Mucho que aprender

Una gran mayoría de los primermundistas, pensamos que nuestro “mundo” es la única y mejor manera de vivir, de organizarnos como sociedad, de disfrutar de nuestro tiempo de ocio. Por suerte, un grupo de 10 personas, gracias al programa de Docentes Solidarios de la ONGD EMIS (Educación por un mundo igualitario y sostenible) hemos tenido la oportunidad de vivir, sentir, compartir “otro mundo” muy lejano en cuanto a distancia, pero a la vez muy cercano, por ser los responsables gracias a nuestro maravilloso bienestar y estilo de vida, de la situación que vive prácticamente un 80% de la población mundial.

Cuando señalo “otro mundo”, me refiero principalmente a la existencia, de otra manera de vivir, de pensar, de actuar y de sentir. Esa fortuna es la que hemos podido experimentar durante el breve, pero intenso periodo de un mes en Guatemala, en concreto en la población de Santiago Atitlán, un lugar único, a la orilla del hermoso lago Atitlán, con una arraigada cultura maya, que por suerte se conserva y espero que así sea por mucho tiempo.

Cuando observamos desde nuestros esplendidos televisores (a ser posible de última generación) y desde nuestros cómodos sillones, las imágenes y la información o desinformación en muchos de los casos que les interesa mostrar a los medios de comunicación de la situación injusta en la que se encuentran miles de millones de personas en todo el planeta nos sentimos durante unos instantes incómodos. Ante estas noticias algunas personas las ven y por unos segundos son capaces de ponerse en la situación de otras realidades, y otras, en muchos casos cambian de canal, imagino que por la dureza de las imágenes y/o por la indiferencia que les transmite. Pero nunca nos preguntamos y no nos llega la información de cuáles son las causas que originan esas injusticias.

Gracias a este programa, hemos podido vivir en primera persona y dar respuesta a muchas de esas causas, que cómo repito somos los responsables directa e indirectamente de esas injusticias y desigualdades sociales, culturales, económicas, etc…

Hemos tenido la oportunidad de convivir durante quince días, en casa de profesores y profesoras junto a su familia, en su mayoría indígenas, observando, sintiendo y viviendo su día a día.

En la mayoría de los colegios de Santiago hay jornada matutina y vespertina, tanto para adaptarse a las necesidades tanto del alumnado como del profesorado, ya que la mayoría tienen que ayudar en la economía familiar, en horario no lectivo, haciendo trabajos agrícolas en los cultivos de maíz y del café.

El maíz, es la base de la alimentación de la mayoría de la población y cada vez es menos productivo por la utilización de abonos químicos y la introducción de transgénicos por las multinacionales, infectando a los cultivos de semilla criolla que han utilizado y con la que se han alimentado durante tantos siglos.

El café, que tanto consumimos y que su precio está marcado principalmente por las empresas importadoras de EE.UU y Europa con unos beneficios muy altos para ellas, pero a la vez muy bajos para sus productores locales.

También cultivan frijol, bananos, plátanos, piñas, aguacates y un sinfín más de frutas, verduras y hortalizas de todo tipo, y por cierto buenísimas.

Otra ayuda económica para la mayoría de las familias guatemaltecas es la fabricación de pulseras, brazaletes, collares, etc realizada con mostacilla. Un trabajo muy paciente y delicado, que tuve la oportunidad de compartir con mi familia de acogida. En esta actividad tan laboriosa emplean la mayor parte de su tiempo libre aunque es un trabajo muy poco remunerado, ya que para hacer una pulsera dedican aproximadamente tres horas y les pagan cinco quetzales (50 céntimos de euro).

La situación de las escuelas, nos podemos imaginar que, en cuanto a instalaciones y materiales, no es la más idónea. La tasa de absentismo escolar es elevada, como consecuencia de la ayuda que tienen que prestar los alumnos y alumnas a la economía familiar para alimentarse, pero tienen un gran potencial humano, muestran muchas ganas de aprender, mucha curiosidad y un gran respeto y admiración por el profesorado. En definitiva, se caracterizan por ser personas con una gran humanidad, de la que hemos aprendido, compartido y reflexionado mucho.

He tenido la suerte, de platicar largo y tendido tanto con mi familia de acogida como con algunos vecinos y vecinas. Una de las conversaciones que mas me impacto, fue cuando un vecino de 92 años y con una memoria envidiable, me comentaba que llevaba viviendo en Santiago Atitlán toda su vida, y recordaba que hace unos cuarenta años, la población tenía algunas necesidades, pero apenas había familias que no tuvieran comida, porque todos podían cultivar maíz, frijol, verduras, y la tierra era fértil, incluso había excedentes para comerciar o intercambiar con las poblaciones vecinas, situación muy distinta a la actual.

Ese mismo vecino me hablaba del “Periodo de la violencia” (Guerra civil que sufrió Guatemala durante más de treinta años, entre los guerrilleros -población civil- sin ayuda internacional, y el ejército nacional apoyado por los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos de América y por el gobierno de Guatemala). Durante ese periodo muchos de los campesinos que intentaban ir a sus cultivos para alimentar a sus familias, no volvían nunca, ya que el ejército los asesinaba con el pretexto, que iban a llevarles comida a los guerrilleros escondidos en las montañas, y los tachaban de comunistas. Ellos no sabían ni entendían el significado de esa palabra, ellos solo querían seguir viviendo, y por ese motivo, muchos agricultores abandonaron sus tierras por miedo a perder su vida, simplemente por querer cultivar para alimentar a sus familias.

A esta situación hay que añadir un sinfín de asesinatos, desapariciones, saqueos y violaciones a las mujeres y niñas en los poblados por parte del ejército nacional.

Actualmente hay procesos judiciales abiertos, contra algunos de los militares causantes de todas esas atrocidades en el país. Esperemos que la justicia funcione de manera correcta y que gobiernos como el nuestro, sin irnos más lejos, tomen el ejemplo y comiencen procesos judiciales contra los crímenes, desapariciones y detenciones tanto de la guerra civil, como de la posguerra y la dictadura en nuestro país.

Otra de las conversaciones, muy interesantes, fue cuando ese mismo vecino de avanzada edad, me comentaba que su país durante muchos años habían estado abandonados, olvidados por el mundo, pero que en los últimos años veía como estaba llegando la cooperación internacional, sobre todo la española, y esperaba que así fuera durante muchos años más, y nos siguiéramos acordando de que existían y querían vivir dignamente.

En cuanto a conversaciones mantenidas con la familia de acogida sobre la religión, me comentaban que son Cristianos Evangélicos, como más de la mitad de la población de Santiago, y hacían mención orgullosos de como el Pastor de su templo, estaba construyendo uno de los mayores edificios particulares de toda la población, gracias a la aportación económica (principalmente del diezmo y donaciones) de sus miles de seguidores.

Haciendo referencia al título que he elegido “Mucho que aprender”, una de las cosas que más me impresionó, sobre todo los primeros días, fue ver ese mercado municipal repleto de puestos de productores locales, donde vendían sus deliciosos alimentos, cultivados por ellos mismos, y ese bullicio de gente comprando esos productos tan frescos y naturales, ese conjunto de olores a vida. También quiero destacar el número tan elevado de pequeñas tiendas de comestibles en las calles, de las que tantas familias se mantienen y pueden vivir dignamente, sin la necesidad de grandes supermercados ni grandes superficies.

En la casa de mi familia de acogida, tuve la ocasión de observar y comprobar cómo se puede vivir con lo justo y necesario, me refiero por ejemplo a cocinar con leña, prescindir de agua caliente, de calefacción, de frigorífico, de microondas, de horno, de lavavajillas, aire acondicionado, de ordenadores, de video consolas, de automóviles, sofás, sillones, armarios, puertas, etc.

Ese aprovechamiento al máximo de los transportes públicos, con autobuses abarrotados, pick up, tuc – tuc, bicicletas, sin la necesidad de calles atestadas de coches aparcados, dejando ese espacio público, para uso de la gente.

Incluso después de desastres naturales, como la tormenta tropical Stand, en 2005, que acabó con la vida de 700 personas y decenas de desaparecidos, familias, vidas y casas destrozada, intentan siempre seguir hacia delante con positividad y fortaleza. Todo ello gracias tanto a la cooperación internacional como a la manera de organizarse y colaborar la población de Guatemala, porque aún siguen esperando la ayuda de su gobierno, que tanto les prometió y nada han recibido.

Para finalizar quiero resaltar el aprendizaje que hemos recibido el grupo de profesores y profesoras durante nuestra estancia en esa población guatemalteca, de cómo “otros mundos” existen, y como con pequeños cambios en nuestro estilo de vida, a la hora de pensar, actuar, consumir, comprometernos y pedir responsabilidades a nuestros políticos y políticas podemos contribuir a que personas que pertenecen a ese “otro mundo”, puedan tener una vida mucho más digna.

Docente Solidario 2011.Nino Mendoza. Villa de D. Fadrique.(Toledo)

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