¿Pobreza?¡¡ Pues no!!

Una semana después de la vuelta sigue resultando difícil encontrar palabras para contar lo vivido.

Dos preguntas surgen en la mayoría de las personas que saben o se enteran de mi vuelta de Guatemala:

¿qué tal la experiencia?, ¿muy bien, no?

¿y qué, mucha pobreza?

Y, por las caras de mis compañeros, amigos, familiares, mis respuestas no se deben aproximar mucho a las respuestas esperadas.

Pues no, yo no diría que muy bien, yo diría que la experiencia es difícil, compleja, profunda, intensa, irrepetible y por nada sustituible ni reemplazable, y que no cambiaría por ninguna otra experiencia en cooperación que se pudiera califica con un “muy bien”. Porque si algo ha quedado claro es que la cooperación no es para nada fácil, que trabajar con personas, administraciones, proveedores, profesores, etc. es en sí mismo muy complejo, pero hacerlo con el añadido de vivir otra cultura supone más esfuerzo: respetarse, escucharse, entenderse y llegar a un acuerdo en la que todas las partes trabajen y se impliquen es un proceso más largo y complejo de lo normal. Y esa diferencia cultural se traspasa también a nuestra la convivencia con los maestros, a la experiencia compartida en la escuela, a la compra en el mercado, al negociar el precio de la Pick-up, al mirar, vestir, hablar, pensar… y no resulta fácil. Principalmente porque eres tú el extraño en esa cultura y en esas situaciones nuevas, y sientes que puedes meter la pata en cualquier momento. Intentas no hablar mucho, pero no ser borde; medir las palabras, pero no ser tímido; no intervenir mucho en el aula, pero no escaquearte de trabajar; no contar mucho de España, pero no dejar de compartir con ellos; Interesarte por sus vidas, pero que no hacer un interrogatorio…

Es una experiencia muy muy buena, no que esté muy bien.

¿Pobreza? Pues no!! Me sale casi de forma automática, y luego, según lo voy explicando me voy dando cuenta de por qué lo he dicho: porque lo he percibido así. Una vez más me ha asombrado la riqueza de las personas, empezando por la generosidad de los maestros, que abren las puertas de sus casas y dejan que un extraño comparta su vida, aun sabiendo que puede juzgarlo con nuestros ojos occidentales. Riqueza en la entrega por si trabajo, por progresar, por encontrar lo mejor para sus alumnos, para seguir creciendo como pueblo, cultura, personas… Riqueza en la capacidad de escuchar y compartir. Riqueza en el tesón en su trabajo, en ocupar todas las horas que puedan de su día para mejorar, mejorar como maestros, como padres, como anfitriones, como personas. Riqueza en el compromiso de y con EMIS, en la implicación de los trabajadores de EMIS y en la contraparte, la ilusión y la pasión que ponen en cada proyecto, cómo lo van transformando, cómo lo trasmiten, y cómo se consigue en muchas ocasiones.

Yo no diría que hay mucha pobreza, sino más bien, y cómo dice Noe, que es un País empobrecido, y añado, con gente excepcionalmente rica.

Sigo buscando las respuestas a esas preguntas que me hace la gente. Voy intentando entender para explicar lo que ha sido nuestra experiencia, compartida con el grupo (incluyendo las JJCC y Juan ), con Alicia y Pilar, con Chonita y Noe, con los maestros, los alumnos, las familias, con la cooperación y la contraparte, con los formadores allí y aquí (Antonio, Pedro, Inma). Gracias por hacer esto posible y formar parte de la experiencia.

Siento no compartir más de momento, pero, como diría Ali la lavadora sigue centrifugando y sacando ropa poco a poco, iré tendiendo en este blog algo más para secarlo con el aliento y las palabras de tod@s.

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