19 días

19 días…Ese es el tiempo que ha pasado desde que salimos de nuestro entorno. 19 días… ¿quién me diría que me iban a parecer tres meses? 19 días de… olores, sabores, colores, sensaciones, emociones…puf.

Mi historia con el programa Docentes Solidarios comenzó allá por el mes de noviembre, por circunstancias de la vida a lo largo de ese mes empecé a plantearme qué hacer con los dos meses de verano que tenía de vacaciones, algunas cosas estaban claras…  quería estar fuera de España, me gustaría sentirme útil en algo y que fuera en un país totalmente diferente al mío.

Después de barajar varias posibilidades terminé por decidirme por una ONGD pequeñita que trabajaba en mi ciudad y la cual conocía por compañeros y amigos. Esta ONGD me abría un mundo de posibilidades que en ese momento desconocía. De esa manera me puse en contacto con EMIS y dio comienzo la aventura.

Han pasado 8 meses y 19 días. Un punto y a parte en mi forma de ver el mundo, de relacionarme, de entender mi contexto… de muchas cosas. Hace dos semanas que estoy conviviendo con el director de un colegio en San Juan Atitán (en la aldea de Checoche), esta comunidad es una de las más pobres de Guatemala, posee el incide de malnutrición infantil más elevado del país y ha estado abandonada por las autoridades del país durante demasiado tiempo.

No  es fácil llegar a un contexto tan diferente al que estás acostumbrado a moverte e intentar adaptarte. La mayoría de las veces te encuentras fuera de lugar (forma de vestir, hablar, moverte…), en antítesis con el contexto en muchos  aspecto, eres consciente de que no posees recursos para moverte con soltura, desconoces las reglas sociales, el entramado laboral-social-político… mil millones de cosas que pueden llevarte a sentirte torpe y antagónico en muchas situaciones a pesar de haber intentado informarte y pasar lo más desapercibido posible.

Pero todo esto tiene su punto contrario, cuando con un niño/a te pones a jugar, con la mujer de tu familia a tortear ( !y que no le echen tus tortillas al perro!, a este paso no me caso… ya me lo han dejado claro jeje) o te invitan a darte un baño en el Temascal…En esos momentos te das cuenta que hay momentos donde da igual de la cultura que provengas,  lo importante son las ganas de estar, de ayudar o dejarte ayudar y sobre todo de aprender.

Mi casa, mi escuela y mi pueblo guatemalteco son muy pobres y en muchas ocasiones poseen muy pocos recursos pero ante todo enseñan, te enseña a valorar las pequeñas cosas de la vida, la compañía de las personas que tienes a tu alrededor, a disfrutar de pequeños momentos viendo llover o secándote las manos en el fuego de la cocina de leña, a disfrutar tomándote un caldito de gallina criolla ( !2 horas antes le estabas chistando para que no entrara en la cocina!) o perder la vista mirado hacia la sierra de los Cuchumatanes sobre la que a saber cuántas historias y leyendas recaiga.

Solo nos quedan 16 días y muchas cosas por vivir: transbordos a mil autobuses de colores, conversaciones, comidas que compartir, risas con los compañeros/as, juegos con los niñas/os, tormentas a las que sobrevivir y una certeza, esta experiencia cambia, aún es pronto para saber hasta qué punto me va a calar, como me va a influir en mi día a día pero aunque solo sea por saber que hay personas que viven de otra forma, que hay profesoras/es que trabajan bajo unas condiciones mucho más duras que las nuestras, niñas/os que andan una hora para ir a clase y sobre todo… por las personas con las que me he encontrado… ha merecido la pena
 

Luisa L. Docente Solidaria 2012

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