Carta de docentes: Pedro e Inma en Santiago

Los trabajadores del aula nos pasamos toda nuestra vida laboral llevando a cuestas  la incertidumbre de si hemos hecho bien o mal nuestro trabajo, e incluso dudando de que haya servido para algo provechoso…  Actuando en cooperación educativa sucede lo mismo: al término de cualquier misión las incertidumbres pesan mucho más que los resultados objetivos. Siempre resulta difícil evaluar con precisión las metas alcanzadas y los niveles de logro. 
Hemos vuelto a Guatemala después de ocho años de ausencia. EMIS lleva trabajando en el país centroamericano desde los primeros años del siglo. Ha construido centros educativos (convencionales y especiales), ha mejorado dependencias escolares destruidas por tormentas, ha impartido cursos de mejora didáctica para docentes, ha realizado cursos de formación y sensibilización para jóvenes manchegos en el terreno, ha experimentado programas de intercambios educativos con docentes de aquí y de allí, ha colaborado con las administraciones educativas locales estatales y departamentales, con la Universidad del Valle, ha implementado programas de mejora de la calidad educativa… Todas esas actividades hemos tenido la suerte de vivirlas muy de cerca o integralmente implicados en su organización y ejecución, a lo largo de toda la existencia de EMIS… Y después de ocho años, nos encontramos de nuevo en Santiago Atitlán, a orillas de su lago de ensueño y bajo la presencia imponente de sus tres volcanes.
Naturalmente, el largo viaje nos proporcionó tiempo de sobra para hacernos preguntas llenas de inquietud… ¿Qué encontraremos de todo lo hecho?,  ¿Quedará algo de lo sembrado? ¿En qué punto vital y educativo estarán las personas con las que trabajamos antaño? ¿Qué cambios habrá vivido Santiago en estos ocho años de crisis cooperativa?… Contábamos con un valiosísimo antídoto contra la depresión: volvíamos a Santiago por una demanda hecha a EMIS por Francisco, uno de los profesores a los que formamos justamente hace ocho años… El hecho quiere decir que, al menos en un docente, nuestra siembra había dado frutos… Aquella persona a la que le explicamos la necesidad de superar el modelo bancario y memorístico de la enseñanza tradicional  por una práctica educativa activa, comprensiva y competencial, aquel maestro que se interesó por las posibilidades que nosotros atribuíamos a la práctica reflexiva de los equipos docentes de un centro, aquel joven que no acababa de visualizar cómo se podía sustituir el rol explicador del profesor por la problematización de los temas, la formulación de dudas y el trabajo cooperativo del alumnado… ocho años después, habiendo asumido y personalizado a su manera todo aquel cuerpo de propuestas, se encuentra en la envidiable situación de querer mejorar didácticamente y vuelve a llamar a EMIS y nos vuelve a llamar a nosotros… No sabíamos qué quedaría en Santiago de todos los esfuerzos de EMIS, pero teníamos la confirmación de que una semilla, como mínimo, había fructificado… En esta ocasión el requerimiento de acompañamiento obedecía al propósito de un pequeño equipo docente de un centro de bachillerato de superar el rol tradicional de los profesores, de implementar materiales de trabajo para su alumnado que les hiciera más autónomos o menos dependientes de los saberes del profesorado, de mejorar los mecanismos de procesamiento de información escrita de su chicos y chicas…
Una de las razones que nos ha hecho volver a pesar de estar tan cansados… tan mayores… es el valor de recompensa que para nosotros tiene esa demanda… Por fin palpábamos el resultado tangible de una apuesta y  un trabajo educativos… Por una vez podíamos convencernos de que la labor cooperativa podía ser útil…
Una vez aquí, hechos al nuevo horario, callejeado el nuevo barrio, recuperados los rincones conocidos de años, saludadas las personas con quien tantas cosas auténticas compartimos, entrados ya en la harina de la tarea que nos ha traído aquí, resulta que Santiago, (el director del centro en el que vamos a intervenir), agradeciendo el nuevo acompañamiento educativo que empezamos a practicar nos deja caer que uno de sus logros profesionales más decisivos ha sido el atreverse a cambiar la relación con sus alumnos; aquella relación que, hace ocho años, al parecer explicamos como educativamente necesaria… confiesa que ese pequeño avance le supone un orgullo profesional. Nosotros tomamos esa revelación como un regalo… es otro fruto, hasta ahora invisible, de aquella siembra. Y cuando vamos a Cerro de Oro a saludar a nuestro amigo Miguel, desde siempre esforzado promotor de mejoras y de cambios educativos en su comunidad se deshace en agradecimientos de lo que supusieron para él y para su lucha pedagógica las conversaciones y los talleres de capacitación que impartimos a su equipo docente hace ya muchos años; nos dice que parte de sus fuerzas de ánimo para seguir peleando por una mejor educación en sus centros procede del fortalecimiento de sus ideas y convicciones que le proporcionamos la gente de EMIS y nos regala la noticia de que gracias a esos ánimos y orientaciones ha conseguido aprobación oficial para poner en marcha un plan educativo que a nosotros nos parece extraordinariamente valiente y ejemplar: coordinar a todos los centros educativos del municipio y a todos sus claustros para lograr unificar planificaciones, consensuar metodologías y compartir materiales didácticos … y nosotros, oyéndole, nos emocionamos porque sus palabras vuelven a ser otra gratificación, una nueva evidencia de que en algo o en mucho se materializaron los esfuerzos hechos desde la incertidumbre.
Y en la entrevista mantenida con el supervisor educativo de Santiago, tras los saludos, el hombre pasa a pedirnos que hagamos llegar a Charo y a EMIS el agradecimiento de las autoridades educativas locales y departamentales todas las ayudas y todos los esfuerzos vertidos en el municipio por tanto tiempo y que tantas mejoras supusieron, y, sin ninguna coma, pregunta que cuándo volverá Noemí…
Y otro día nos enteramos que la mayoría de docentes a los que capacitamos juntamente con Francisco están gestionando un centro educativo de nivel secundario que goza de bastante prestigio educativo dentro de la profesión y que están solicitados con frecuencia por otros centros para ocupar cargos directivos y de responsabilidad pedagógica.
Y esta misma tarde, al volver a Cerro de Oro a realizar un taller para directores de escuela sobre el acompañamiento de docentes en su aula, descubrimos admirados la sala de computadoras de la escuela La Cumbre, financiada por EMIS, (¡¡¡¡con fondos exclusivos de la aportación de sus socios, sin ninguna ayuda oficial¡¡¡¡), un encantador ejemplo de orden, conservación y uso…
Y, naturalmente, aunque ya estamos suficientemente contentos y agradecidos por haber participado en experiencias de cooperación voluntaria de todo tipo y durante tantos años, recogemos con satisfacción todos estos frutos de la siembra hecha hace tiempo y sentimos que es de derecho que los compartamos con todos y todas los que formamos y damos vida a EMIS… porque de todos y todas es la responsabilidad de la cosecha.
Gracias y abrazos desde Santiago Atitlán.
Pedro Hernández
Inma Obiol
Enero 2017

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